Buenos días Roma!!
Hoy hemos desayunado un pedazo de capuchino de los que hacen historia, después nos hemos ido a ver la ciudad.
La primera sorpresa al salir a la calle es que el barrio no parece el mismo con la luz del día, la segunda es que Roma es una ruina, en el buen sentido de la palabra. Doblas una esquina y zas, cuatro columnas medio caídas, doblas otra esquina y zas, un agujero en el suelo con un montón de trozos de frisos y piedras de mármol. Nos hemos dirigido directamente al Coliseo, es impresionante pensar en lo que fue y en lo que es ahora. Por dentro y con la ayuda de una audioguía nos hemos dado un paseo por lo que en su día fueron las gradas y los vomitorios del recinto, observando la arena (la reconstrucción que han hecho de ella) y los sótanos, e imaginando a las bestias y a los gladiadores.
Tras un paseo por la ciudad intentando no morir en cada cruce de calles (aquí las señales de tráfico, incluidos semáforos, se las pasan por los raviolis), hemos llegado al Panteón, un edificio redondo, cuya cúpula redonda de 43 m. es la más grande del mundo. Lo impresionante de este templo es el agujero de 10 m. que tiene en lo alto de la cúpula (agujero abierto, por el que cae el agua de lluvia o la nieve, dentro del recinto en el que hay unos desagües) por el que entra la luz que ilumina todo el espacio y que te da la sensación al entrar de que estas en un lugar especial y etéreo.
Alucinados aún por la maravillosa sensación que nos ha dejado el Panteón nos dirigimos a la Piazza Navona para comer en una terracita y después disfrutar del famoso Tartufo del café Tre ….. El Tartufo es una bola de trufa y trocitos de chocolate con una guinda en medio y nata montada por encima, el precio, si te lo comes en la calle (take away), son 5€, pero merece la pena.
Recuperadas las fuerzas nos acercamos a la Iglesia de Santa María in Cosmedin, donde está la Boca de la Verdad (a ninguno nos mordió la mano, eso es que no decimos mentiras), foto de rigor y vuelta por el Circo Romano hacia los Foros Imperiales, que cierran una hora antes del atardecer y es cuando hay que verlos, porque sino te mueres del calor que hace. Es agradable pasear por lo que en su día fue la capital del mundo y pisar la calzada más antigua, mientras que el sol se va escondiendo poco a poco tras las ruinas de los templos.
La cena en un sitio llamado Pizzarito, es una cadena de restaurantes (ya los habíamos visto en Florencia) parecido al Vips o al Ginos. Pedimos una ensalada cesar (que para eso estamos en Roma), un plato de rissoto con salmón y piña y unos raviolis primavera con espinacas y queso gorgonzola. La cantidad de comida fue exagerada, cada plato era una bandeja de kilo; el sabor, exquisito; los camareros amables y rápidos; el precio espectacular, no llego a los 37€. El resultado total fue un 10 bien merecido y una recomendación para todos aquellos que quieran comer buena pasta (también tienen pizzas, rissotos y ensaladas) a un precio más que asequible.
Con el estómago lleno y una sonrisa de oreja a oreja nos despedimos hasta mañana.
14 de agosto de 2007
AVE CESAR
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