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Soy un espagueti caducado
Aún seguimos en España.
Día 7 de agosto, 16:35 h. en el mostrador de facturación dispuestos a recoger nuestros billetes: Silvia, no puedes volar. ¿¡QUÉEEEEE?! Tienes el DNI caducado.
Imaginaros por un momento mi cara… pensé que era una camara oculta, miraba una y otra vez mi carné de identidad como si fuera una broma, pero no lo era, todo mi “al dente” se vino abajo. Carreras de un mostrador a otro para al final tener que cambiar los billetes y volver a casa corriendo a llamar a todos los hoteles. Menos mal que no hubo mucho problema y pudimos cambiar las fechas de todo, así que volvemos un día más tarde.
Hoy ha sido un día duro, desde las 7 a.m. en la puerta de la comisaria para que me renovaran el DNI (hemos salido de allí a las 12:15) y luego irnos a la comisaria del aeropuerto para que me hicieran un pasaporte express. Ya está todo solucionado. Volamos dentro de 3 horas y media. Ahora soy un espagueti con papeles.
A todos los espaguetis del mundo:
Sólo éramos dos espaguetis más en un plato lleno de salsa boloñesa, hasta que un día decidimos visitar Italia, el país que todos los espaguetis que conocíamos habían visitado. Unos te hablan de Venecia, oooo con sus canales, su estilo veneciano…. a otros les tira más la Toscana y vienen enamorados de Florencia, esa pequeña ciudad que rezuma arte por las cuatro paredes y otros te hablan de Roma, imperial e histórica, donde la pasta y los helados se pasean orgullosos cual pasarela de moda.
Nosotros decidimos comprobar, in situ, si todas las maravillas que nos contaban de ese lugar eran ciertas, o eran simples habladurías de unos espaguetis ciegos por el encanto del país que vio subir a la pasta a las cumbres de los restaurantes más importantes del mundo.
Aquí empieza nuestra historia…
